September 21, 2006
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Bringing Organic to San Cristobal
By Rosario Adriana Alcázar González
SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS -- A tumble of colors, aromas, voices, and faces greet the senses upon arriving at the Castillo Tielman Market in the city of San Cristóbal de Las Casas, Chiapas. Walking between the tiny, complicated corridors is slow. But each pause brings awe and delight upon witnessing the staggering diversity of the region's flowers, vegetables, fruits, and medicinal plants, all at arms reach.
Faced with such variety, the decision is tough -- what to buy? Rambutan, the spiny red lychee? Or a local favorite, guananabanas, the lumpy, green custard apples? Another such choice may not be as familiar here -- organic or non-organic?
Vendor Cristina Josefa Pérez Díaz is one of the few vendors selling organic products here in San Cristobal's main marketplace. So she, of course, suggests choosing products that were produced without agrochemicals and fertilizers, "Look, the taste isn't the same when you use fertilizers and what's more, it's [bad for the earth] and bad for [people]," she said.
Miguel Angel Garcia, an agricultural expert with Maderas del Pueblo del Sureste, a Mexican nonprofit organization, agrees with Pérez Díaz. The effects of eating chemically produced food may not show up right away, he says, but can be dangerous in the long run. Garcia notes that many of the chemicals used without regulation in Mexico are banned in the United States and Europe.
In Mexico, the debate continues about the possible environmental and public health risks posed by pesticides, fertilizers and the use of genetically modified seeds. The cultivation of organic products has increased during the last two decades throughout the country in order to meet the demands of international markets. Still, until a few years ago, there was little demand for these products inside Mexico.
A recent agriculture study by the the National Autonomous University of Mexico revealed that the high prices of organic foods deters many Mexican consumers. On average, organic products cost three to five times more than conventionally produced crops. The study also found that many Mexican consumers don't understand the potential health benefits of organic foods.
In San Cristobal de Las Casas, producers like Pérez Díaz and citizen groups such La Canasta Orgánica, the Organic Basket, work together to educate the public about the benefits of organic products and provide access to affordable and healthy food.
The vegetables Pérez Díaz sells at her stand are grown by her husband, Ángel Moreno Ballinas, in a plot of land at the foot of Huitepec Hill, 25 minutes from the center of San Cristobal. Moreno Ballinas uses traditional agricultural methods, like the application of manure and other natural fertilizers and hand weeding.
Her prices, which are higher due to the more labor-intensive production methods, range from fifty cents to a peso higher for similar products sold at non-organic stands.
"We eat everything that we plant," said Pérez Díaz, underscoring her confidence in her products. She says she has many loyal customers who all know about the organic methods the family uses to produce the food.
La Canasta Orgánica, a citizen initiative that aims to increase access to naturally produced foods, has operated in San Cristóbal for nearly one year. Organized by a group of urban women, La Canasta Orgánica gathers organic products from throughout the region and brings the goods into central San Cristóbal on Saturdays. Increasing access to organic foods is their primary goal, but they also seek to "care for the environment through the consumption of responsibly produced products," said Gerdi Seidl, co-founder of the group.
La Canasta Orgánica offers certified organic products such as coffee and honey. But most of the products they offer, are classified as "artesanial" because the goods are cultivated by small farmers, like Moreno Ballinas, who use natural methods but have not been officially certified as organic.
La Canasta Orgánica, says Seidl, doesn't look to make money or become a middleman between producers and consumers but rather to "create a space where people can find healthy, fairly-priced products."
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Atrayendo Lo Orgánico a San Cristóbal
Por Rosario Adriana Alcázar González
Un entramado de colores, aromas, sabores, texturas, formas, voces y rostros se abren ante los sentidos al arribar al Mercado Castillo Tielman, en la ciudad de San Cristóbal de las Casas. Cada puesto muestra la gran diversidad de verduras, hortalizas, flores, frutas, plantas medicinales y comestibles que hay en ésta región de Chiapas. El caminar entre los diminutos pasillos es complicado y lento. Cada pausa permite el asombro y deleite por los productos que están al alcance de las manos y los paladares.
Enfrentando tanta variedad, la elección es difícil, ¿cual comprar? ¿Unos rambutanes rojos y espinosos? ¿Unas grandes guanábanas verdes? Otra elección es menos familiar aquí ¿orgánico o no-orgánico?

La vendedora de verduras y hortalizas Cristina Josefa Pérez Díaz, es una de las pocas vendedoras del mercado que ofrecen productos orgánicos. Así que, por supuesto sugiere elegir los productos cuya calidad se basa en la ausencia del manejo de agroquímicos y fertilizantes en su producción. "Fíjese usted que el sabor no es igual si se le pone fertilizante, además es malo [para la tierra] y es malo para quien lo consume."
Miguel ángel García, un experto en agricultura con Maderas del Pueblo Sureste, una organización Mexicana sin fines de lucro, está de acuerdo con Pérez Díaz. Las consecuencias de ingerir comida que ha sido producida con agroquímicos talvez no sea aparente de manera inmediata, pero puede ser peligroso a largo plazo. García nota que muchos de los químicos que son usados de manera irregular en México no están permitidos en Los Estados Unidos y Europa.
En la actualidad existe un gran debate sobre los posibles daños y efectos que ocasionan en la salud de los productores, los consumidores y la naturaleza el uso de pesticidas, fertilizantes y el uso de semillas que han sido sometidas a procesos de manipulación genética.
En México, el cultivo de productos orgánicos ha ido aumentando durante las últimas dos décadas a consecuencia de la demanda de los mercados internacionales como son el europeo y el estadounidense. Aún así, hasta hace unos años éstos productos tenían poca demanda dentro del mercado nacional.
Una investigación agrícola realizada por la Universidad Autónoma de México, reveló que el mayor obstáculo para el consumo doméstico de productos orgánicos se debe a los altos precios de estos, que son de 3 a 5 veces mayor a los productos no orgánicos y a la falta de conciencia que existe entre la población sobre los posibles daños que existen en la producción y consumo de productos inorgánicos.
En San Cristóbal de las Casas, productores como Pérez Díaz y grupos de ciudadanos como La Canasta Orgánica están trabajando juntos para asegurar que el pueblo reconozca los beneficios de los productos orgánicos y que tenga acceso a comida limpia, natural, y sana.
Las verduras y hortalizas que Pérez Díaz vende en su pequeño puesto son cultivadas por su esposo ángel Moreno Ballinas, en un terreno a las faldas del cerro Huitepec, a 25 minutos del centro de la ciudad de San Cristóbal bajo técnicas artesanales, como la limpieza manual de las malezas y el uso de abonos naturales.
Sus precios, los cuales son más altos debido al trabajo minuscioso en la cosecha, son de 50 centavos a un peso más por productos similares que se encuentran en puestos de verduras no-orgánicas.
"Nosotros consumimos todo lo que sembramos" dijo Pérez Díaz, subrayando la confianza que tiene en sus productos. Ella dice que tiene muchos clientes fieles que conocen sus huertos y la forma en la que ellos cosechan
Las verduras y hortalizas cultivadas por Moreno Ballinas, son ofertadas también mediante la iniciativa ciudadana conocida como La Canasta Orgánica o Red de Consumidores y Responsables. Esta iniciativa opera en San Cristóbal desde hace casi un año y es impulsada por un grupo de mujeres que viven en esta ciudad y busca, entre sus objetivos, acercar a los consumidores a productos organicos de la región, "[fortaleciendo] valores relacionados con el cuidado del medio ambiente a través del consumo de productos producidos responsablemente", comentó Gerdi Seidl, cofundadora de este espacio.
En ésta iniciativa, aún cuando oferta alimentos que ya cuentan con la certificación de organicidad, como es el caso del café o la miel, la mayoría de los productos ahí encontrados reciben el nombre de artesanales, ya que han sido cosechados o elaborados de esta forma, pero no cuentan con una certificación orgánica, como es el caso de las verduras y hortalizas producidas por la familia Moreno Pérez.
Según La Canasta Orgánica, no busca lucrar o ser una intermediaria entre los productores y los consumidores, "sino crear un espacio donde se puedan adquirir productos sanos y se pague el precio justo por ellos.”
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